Los cristianos debemos permanercer atentos a los signos de los tiempos, no como lo hace un expectador, contemplando cómo se suceden los hechos de forma pasiva, sino para actuar como conviene en cada momento de la Historia.
Los acontecimientos se desarrollan de manera exponencial. No prestamos atención al pasado siglo con el análisis profético que debía inspirarnos a todos. Sin embargo la Iglesia, desde el Concilio Vaticano II hasta Benedicto XVI nos está diciendo que hemos entrado en una nueva etapa cristiana.
Subid a las cumbres de la Fe y mirad a vuestro alrededor. Mirad al Mundo, de oriente a occidente, de norte a sur, y meditad sobre lo que véis.
Es momento para la acción, para el testimonio, para la denuncia, para la misión...
Ya lo están haciendo nuestros hermanos de Orissa, Eritrea, Irak, China, India, Pakistán... donde hay mártires todos los días.
Muchos de nosotros no estamos allí ni podemos, por nuestra condición personal, ser misioneros en aquellas tierras, pero podemos hacer; podemos alzar la voz contra el genocidio y la persecución religiosa que están sufriendo nuestros hermanos en el mundo.
Pero, también somos misioneros en nuestro pueblo, donde vivimos. Ahora, más que nunca, hay que dar testimonio de nuestra fe, sin ningún complejo, porque el testimonio no somos nosotros mismos con nuestros pecados, sino CRISTO que nos ha salvado de nuestro fracaso y nos ha dado la verdadera Vida que necesita la humanidad.
El testimonio se expresa, no solo con palabras, sino también con acciones. Por eso es preciso que, en la situación crítica que se encuentran muchas familias por la crisis mundial, encuentren en nosotros solidaridad activa para ayudarles materialmente y acción social para equilibrar la vida económica de nuestra Comunidad.
No podemos permanecer parados, pero tenemos que trabajar juntos y coordinados.